Castell d'Alaró
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Episodios bélicos
Pese a su gran importancia como punto defensivo de la isla de Mallorca, el castillo fue escenario de escasos episodios bélicos. Este hecho se explica, en parte, por su fama de inexpugnable, pero también por las circunstancias militares y políticas de cada momento histórico.
A principios del siglo X, concretamente entre los años 902 y 903, un breve relato del geógrafo andalusí Al-Zuhrí explica que los habitantes cristianos de las Baleares resistieron durante casi nueve años la conquista musulmana de Isamal-Jawlaní. Finalmente, sin víveres, probablemente pactaron su rendición.
La conquista de Mallorca por Jaime I, en 1229, está mucho mejor documentada. Gracias a fuentes tanto cristianas como musulmanas, se sabe que los castillos de la isla fueron los últimos bastiones de resistencia andalusí y que no se rindieron hasta 1231, cuando el resto del territorio ya había claudicado. El propio Jaime I describe el castillo de Alaró, en el libro que narra sus hazañas, como una fortaleza prácticamente imposible de asaltar.
Quizás el episodio bélico más conocido es el de Cabrit y Bassa, en 1285, del que hablaremos más adelante, al llegar a la ermita.
En 1343 se produjo una rendición pactada. Este año, Pedro IV de Aragón conquistó el reino de Mallorca, gobernado por Jaime III. A diferencia del castillo de Pollença, el resto de fortalezas mallorquinas claudicaron pacíficamente.
A partir de este momento, el castillo de Alaró no volvió a protagonizar otros episodios bélicos.
Durante los siglos XVI y XVII, ya en época de decadencia, el castillo adoptó una función diferente: sirvió como refugio para proteger objetos sagrados y de valor de la villa de Sóller ante los ataques de los piratas berberiscos.
A principios del siglo X, concretamente entre los años 902 y 903, un breve relato del geógrafo andalusí Al-Zuhrí explica que los habitantes cristianos de las Baleares resistieron durante casi nueve años la conquista musulmana de Isamal-Jawlaní. Finalmente, sin víveres, probablemente pactaron su rendición.
La conquista de Mallorca por Jaime I, en 1229, está mucho mejor documentada. Gracias a fuentes tanto cristianas como musulmanas, se sabe que los castillos de la isla fueron los últimos bastiones de resistencia andalusí y que no se rindieron hasta 1231, cuando el resto del territorio ya había claudicado. El propio Jaime I describe el castillo de Alaró, en el libro que narra sus hazañas, como una fortaleza prácticamente imposible de asaltar.
Quizás el episodio bélico más conocido es el de Cabrit y Bassa, en 1285, del que hablaremos más adelante, al llegar a la ermita.
En 1343 se produjo una rendición pactada. Este año, Pedro IV de Aragón conquistó el reino de Mallorca, gobernado por Jaime III. A diferencia del castillo de Pollença, el resto de fortalezas mallorquinas claudicaron pacíficamente.
A partir de este momento, el castillo de Alaró no volvió a protagonizar otros episodios bélicos.
Durante los siglos XVI y XVII, ya en época de decadencia, el castillo adoptó una función diferente: sirvió como refugio para proteger objetos sagrados y de valor de la villa de Sóller ante los ataques de los piratas berberiscos.
Las defensas occidentales
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Cuentos y leyendas