Castell d'Alaró
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La vida en el castillo
Se dispone de poca información sobre la vida en el castillo durante las épocas más antiguas, mientras que la baja edad media (entre 1232 y 1550) está ampliamente documentada por fuentes escritas.
Además de las murallas y torres, en el interior del recinto se levantaba un pueblo en miniatura, hoy en día bajo tierra. Hay documentadas una ermita y cinco casas, entre las cuales había una cocina-comedor, un porche, dos molinos de sangre, dos hornos y establos.
En cuanto a sus habitantes, el rey nombraba al castellano, normalmente un caballero, que obtenía el cargo, un sueldo y la explotación de las tierras de lo que hoy en día es la finca del Verger, a los pies de la montaña. Este castellano, a su vez, nombraba un lugarteniente, que dirigía el castillo en su ausencia.
La guarnición del castillo estaba formada por los llamados sirvientes, que también cobraban un sueldo de la Procuración Real y que, con el paso del tiempo, fueron disminuyendo en número: de veinte hombres en el siglo XIII a solo tres en el siglo XV.
Un cura cobraba para celebrar algunas ceremonias religiosas en la ermita, pero sin residir en la fortaleza de forma permanente.
En toda la historia medieval del castillo, solo se han documentado dos mujeres, que servían al castellano. Dado que no cobraban de la Procuración Real, no suelen aparecer en la documentación.
Además, también subían al castillo notarios y escribanos, que se encargaban de redactar inventarios periódicos o de supervisar las obras. Otras personas que trabajaban de manera esporádica eran el halconero real, los orchilleros —que recogían en los acantilados un liquen utilizado como colorante—, y también arrieros, peones, carpinteros y herreros.
El armamento, que se guardaba en la torre del homenaje, consistía en tres tipos de ballestas, lanzas, dardos o jabalinas, escudos, capellinas, lechuguillas de hierro y armaduras de tela almohadillada llamadas perpuntes.
En cuanto a los animales, se sabe que había canes, asnos, burros y numerosas cabras.
Finalmente, en cuanto a la alimentación, las provisiones se conservaban en grandes cajas de madera. Por ejemplo, en 1344 se documentan notables cantidades de trigo, mijo, habas, garbanzos, panceta, carne salada, aceite, vino, vinagre y sal.
Además de las murallas y torres, en el interior del recinto se levantaba un pueblo en miniatura, hoy en día bajo tierra. Hay documentadas una ermita y cinco casas, entre las cuales había una cocina-comedor, un porche, dos molinos de sangre, dos hornos y establos.
En cuanto a sus habitantes, el rey nombraba al castellano, normalmente un caballero, que obtenía el cargo, un sueldo y la explotación de las tierras de lo que hoy en día es la finca del Verger, a los pies de la montaña. Este castellano, a su vez, nombraba un lugarteniente, que dirigía el castillo en su ausencia.
La guarnición del castillo estaba formada por los llamados sirvientes, que también cobraban un sueldo de la Procuración Real y que, con el paso del tiempo, fueron disminuyendo en número: de veinte hombres en el siglo XIII a solo tres en el siglo XV.
Un cura cobraba para celebrar algunas ceremonias religiosas en la ermita, pero sin residir en la fortaleza de forma permanente.
En toda la historia medieval del castillo, solo se han documentado dos mujeres, que servían al castellano. Dado que no cobraban de la Procuración Real, no suelen aparecer en la documentación.
Además, también subían al castillo notarios y escribanos, que se encargaban de redactar inventarios periódicos o de supervisar las obras. Otras personas que trabajaban de manera esporádica eran el halconero real, los orchilleros —que recogían en los acantilados un liquen utilizado como colorante—, y también arrieros, peones, carpinteros y herreros.
El armamento, que se guardaba en la torre del homenaje, consistía en tres tipos de ballestas, lanzas, dardos o jabalinas, escudos, capellinas, lechuguillas de hierro y armaduras de tela almohadillada llamadas perpuntes.
En cuanto a los animales, se sabe que había canes, asnos, burros y numerosas cabras.
Finalmente, en cuanto a la alimentación, las provisiones se conservaban en grandes cajas de madera. Por ejemplo, en 1344 se documentan notables cantidades de trigo, mijo, habas, garbanzos, panceta, carne salada, aceite, vino, vinagre y sal.
Las defensas orientales
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Las defensas occidentales